opinión

El proceso es un lugar en el que, esencialmente, las partes deben encontrarse en un plano de igualdad. Al ciudadano se le prometen procedimientos justos que contribuyan a erradicar la tentación de tomar la justicia por la propia mano, atendido a que puede ejercer sus acciones en un marco de neutralidad, imparcialidad e igualdad de oportunidades. Sin embargo, a lo largo de la historia judicial hemos convivido con una sombra que amenaza constantemente esta promesa de tutela efectiva: el formalismo exacerbado. Esta práctica, muy propia de otras épocas, se termina convirtiendo en una flagrante forma de injusticia y, quizá subrepticiamente, en una inconfesable herramienta de gestión de la inmensa carga de trabajo que agobia a nuestros tribunales. Este fenómeno, por cierto, no justifica algunas prácticas, pero las explica.

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Hubo una época en la historia judicial chilena en que el recurso de queja mantenía una profunda y preocupante incongruencia entre sus fines teóricos y su funcionamiento práctico. Era, a todas luces, una inconveniente llave maestra que convertía a la Corte Suprema en una indeseada tercera instancia, desnaturalizando al sistema procesal en su conjunto y […]

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La demanda, también, es la muestra de la seriedad y la contundencia de la petición de la parte ante un Poder del Estado. Es una expresión del saber y el arte del abogado que tomó un caso y aconsejó a su cliente que lo más razonable -quizá tras un periodo de negociaciones frustrado- era someter […]

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El proceso es un lugar en el que, esencialmente, las partes deben encontrarse en un plano de igualdad. Al ciudadano se le prometen procedimientos justos que contribuyan a erradicar la tentación de tomar la justicia por la propia mano, atendido a que puede “discutir” sobre sus derechos en un marco de neutralidad, imparcialidad e igualdad […]

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